Lecturas

jueves, 18 de febrero de 2016

Preocupaciones del tiempo presente e Historia en el género "Peplum"

El género péplum nace a finales del siglo XIX y principios del XX con cintas como Cupido y Psyche de Edison o La Sybille de Cumes de Méliès. El género practicamente caerá en el olvido despues de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), pues a partir de este acontecimiento comienzan a interesar otro tipo de temáticas. tendremos que esperar hasta mediados de siglo para asistir al renacer de este género: Quo Vadis? (1951) de Le Roy, seguida por cintas como Ben-Hur (1959), Cleopatra (1963), Spartacus (1960) y la célebre La Caída del Imperio Romano (1964) de A. Mann. Estas eran superproducciones hollywoodienses de altísimo presupuesto que mostraban las preocupaciones de una sociedad y un mundo bipolarizado, el mundo de la Guerra Fría. En ellas se plasmaban dos maneras de ver el mundo totalmente antagónicas. Estas cintas nos muestran el mundo antiguo desde una visión contemporánea, con los maniqueísmos propios de las películas de la época (principalmente los westerns) y con un claro menosprecio del papel de la mujer, encasillada en roles secundarios que se prestan (por lo general) a ser simplemente el interés romántico del protagonista, sin matices ni claroscuros, quedando constreñidas en un encorsetado papel que se repetirá seculi per seculi (hay veces que soy un tanto pedante).



La Caída del Imperio Romano es la última producción de grandes dimensiones que se realiza de esta temática hasta el año 2000. Posteriormente habrá algunas producciones, como La Vida de Brian (1980), pero serán puntuales. 

En el año 2000 Ridley Scott resucita al género con la grandiosa Gladiator, que emula la épica de las películas de los 50 pero con nuevos tintes contemporáneos. Fue una película aclamada tanto por crítica como por público, y no es para menos, porque es entretenimiento de las más alta calidad. 


El estreno de Gladiator hará que renazca el género con gran potencia. Sin embargo, hay que mencionar un factor externo que hará resurgir al género y que nada tiene que ver con el cine: los atentados del 11 de septiembre de 2001. La masacre que tuvo lugar en el Wall Trade Center ese fatídico día marcaría el desarrollo de un nuevo orden internacional, caracterizado por la extrema vigilancia, la seguridad internacional a cualquier precio y la lucha contra el terrorismo. Fue un evento que conmocionó a occidente y que ha cambiado nuestra forma de ver el mundo desde la caída de la URSS. El cine, como manifestación cultural, tendió a retratar los miedos e inquietudes de una civilización, la occidental, que se veía amenazada ante un nuevo y peligrosísimo enemigo, el fundamentalismo islámico, encarnado en la organización terrorista Al-Qaeda. Este hecho constituye un choque entre civilizaciones podría decirse, y el cine encontró el más claro precedente histórico en la continua lucha que se dio entre Oriente y Occidente durante la Antigüedad Clásica.



Películas como Alejandro Magno (2004), Troya (2004) y 300 (2006) son manifestaciones claras de una mentalidad colectiva en plena ebullición, que ha hecho despertar la islamofobia y el antagonismo entre el mundo oriental y el occidental. No es ninguna casualidad que este tipo de películas surjan justo después de los atentados del 11-S. 

Por tanto, tenemos siempre que recordar que el cine es un medio expresivo, un arte, y también es un producto social, que es reflejo claro de la sociedad que lo ha concebido. El cine muestra las preocupaciones e inquietudes de la sociedad de su tiempo, y es por ello que debemos siempre mirarlo desde un punto de vista crítico. Un ejemplo de esta nueva dinámica internacional es 300:

300 es simple y llanamente la traslación del militarismo norteamericano latente desde 2001 a un modelo histórico, la sociedad espartana del 480 a.C. El sacrificio de Leónidas en las Termópilas siempre ha sido un argumento recurrente en el arte, pero aquí cobra una nueva dimension, la propagandística. Es por eso que debemos tratar el análisis de una película desde el prisma del momento en el que se desarrolla, teniendolo siempre claro, porque sino queda descontextualizado y pierde una dimensión que nos permite saber mucho más de la misma. 300 no se puede entender sin el 11 de septiembre, ya que la película arenga a la lucha contra Oriente. El pobre Zack Snyder (un director que no sabe que una adaptación cinematográfica no es un calco) puede que no supiera las críticas que iba a levantar con esta película desde distintos sectores, o que simplemente pensara en la pasta gansa que se iba a embolsar, pero lo que está claro es que ejecutó un filme ciertamente militarista y xenófobo. 

* A ver, no os engañeis, no quiero crucificar a 300, pero es un ejemplo claro para mostrar de lo que estoy hablando. Si el comentario de la película parece hiperbólicamente negativo es porque quiero remarcar lo que representa dentro de su propio tiempo.  

En definitiva, no os dejeis engañar, una película ambientada en cualquier época histórica habla más de las preocupaciones de su propio tiempo que de la realidad histórica que pretende presentarnos.

*Que conste en acta que no he visto todas las películas de las que he hablado y no tengo mucha prisa por hacerlo jeje

domingo, 7 de febrero de 2016

Sin Novedad en el Frente (1930) "La guerre est une grande maladie"

"Este relato no es una confesión, ni tampoco una acusación, y mucho menos una aventura, ya que la muerte no es ninguna aventura para aquellos que se enfrentaron cara a cara a ella. Simplemente trata de mostrar a una generación de hombres que pese a haber escapado de las bombas, la guerra destruyó."

Así da comienzo "Sin Novedad en el Frente", adaptación de la atemporal obra antibelicista de Erich María Remarque. Esta película marca todo un hito en el cine bélico, constituyéndose como una de las grandes obras de culto del género. Dirigida por Lewis Mileston, esta producción estadounidense muestra la bajada a los infiernos de unos muchachos alemanes, que descubren que la Guerra no tiene el sentido romántico y heroico que habían imaginado. Es un relato universal que no entiende de nacionalidades, culturas, ni edades y del que se puede extraer un mensaje claro: "la guerra es un infierno y no tiene justificación alguna". El sentido antibelicista del filme es tan fuerte que en algunos países como Alemania su proyección estuvo prohibida durante mucho tiempo. 

Más allá de su mensaje, la cinta es una maravilla técnica, muy adelantada a su tiempo. Los trávelins de los soldados corriendo contra las líneas enemigas son tan realistas que se han utilizado incluso en documentales sobre la Gran Guerra. Además, se usan con gran maestría los anticuados sistemas de sonido, las grúas y la fotografía. 

Carga alemana contra la trinchera francesa

La historia comienza en una escuela alemana, donde el profesor Kantoreck arenga a sus jóvenes alumnos para ir a la guerra contra los franceses y los ingleses. Habla del deber nacional, del honor, de la llamada de la patria y de lo glorioso que es morir por ella. Inculca en sus alumnos un espíritu combativo y feroz que les hace alistarse en el ejército inmediatamente. Sin embargo, pronto Paul Baumer (el protagonista) y sus compañeros, descubrirán que la guerra no es como les habían dicho. 

Baumer, Kemerich y Müller tratan de convencer
a uno de sus compañeros para alistarse

Desde su llegada al frente, poco a poco podemos observar la evolución de estos muchachos, que engañados, van a morir tanto física como psicologicamente. La agonía de vivir en el frente les hace convertirse en bestias asesinas en el campo de batalla, y en embrutecidos soldados cuando están en retaguardia. "Es un cadáver, ya no es nadie" dice Stanislao Katzinsky con la mayor normalidad del mudno. "Franz, ¿Me das tus botas? Tu ya no vas a necesitarlas" le dice Müller a Franz Kemerich, al que acaban de amputarle una pierna. La guerra les sume en la más profunda superficialidad y pragmatismo, la utilidad es la máxima del soldado. "En el frente sabemos que estamos acabados, no se puede vivir así sin estar vacío" acaba afirmando el propio Paul Baumer ante una nueva clase de alumnos deseosos de alistarse. La guerra arruina el espíritu de estos jóvenes, se lo mina hasta reducirlo a un instinto básico que consiste en matar y sobrevivir: agacharse cuando una granada pasa silvando, correr en zig zag contra la trinchera enemiga, clavar la bayoneta en el vientre del enemigo para que no se atasque... 

"Soy joven, tengo 20 años, pero no conozco de la vida más que la desesperación, el miedo la muerte y el tránsito
de una existencia llena de la más absurda superficialidad a un abismo de dolor. "

La película, al igual que el libro, habla de una generación perdida, surgida de la sangre y la violencia, del fratricidio colectivo, de la superficialidad y el embrutecimiento. La película habla tambien del concepto de "alteridad", es decir, el reconocimiento de la propia identidad como antagónica a la de otro grupo. Deshumanizar al enemigo es la herramienta ideológica básica para justificar la lucha contra él, como decía Carl Schmitt. Pero la demonización del enemigo queda totalmente barrida con el episodio del agujero de obús, en el que Paul mata a un francés con el que tiene que convivir unos días y se percata, de que pese a ser el enemigo, es tambien un ser humano como él. 

Pero el tramo de la película más demoledor de todos es el momento en el que Baumer regresa a su hogar, porque se vislumbra claramente lo que la guerra le ha hecho. ¿Cómo es posible que después de estar en el frente tanto tiempo, conviviendo día a día con la muerte, una persona pueda volver a la normalidad? No es posible, sólo en el frente Paul se siente cómodo, porque nada parece importante después de haber vivido en el infierno, todo es banal e innecesario. 

"Cayó en octubre de 1918, un día tan tranquilo, tan inactivo en el frente, que el comunicado
oficial se limitó a decir que no había novedades en el frente. Su rostro guardaba una
expresión tan serena que parecía estar satisfecho de que todo hubiera acabado"

En definitiva, un relato antibelicista universal, que nos presenta la guerra tal y como lo que es: una lucha fratricida y encarnizada, producto la intolerancia, la ignorancia y la sinrazón. Una historia indispensable que constituye una gran barrera a superar, la de nuestra ignorancia con respecto a lo que verdaderamente supone la guerra. 

Referencias: 
- "Sin Novedad en el Frente" de Erich María Remarque. 
- "501 películas que no puedes dejar de ver" Ed. Libros Cúpula. 
- "100 grandes películas de siempre" Ed. Edimat. 

jueves, 4 de febrero de 2016

Ética y Estética en el Cine de Tarantino

Platón decía que la estética, la belleza, estaba irremediablemente vinculada a la ética, el ejercicio de la moral. Por ese motivo, era tan importante el ejercicio físico del cuerpo, como el ejercicio moral del alma. Ética y estética no son elementos que naturalmente debieran estar separados, ya que para que algo sea estético, debe ser antes ético. Si la ética estuviera separada de la estética entonces no hablaríamos de arte "per se", sino de técnica. Bien podríamos decir, por ejemplo, que técnicamente películas de propaganda nazi tienen un acabado impecable y que son obras notables, pero no diríamos que tienen un sentido ético, porque albergan toda una ideología que enaltece la xenofobia, el odio a ciertas minorías, la intolerancia, el militarismo, etc.




Ahora bien, la pregunta que nos cabe plantearnos con respecto al tema que se va a tratar es la siguiente: ¿Es el cine de Tarantino un cine ético y estético?

La violencia es un tema moral y banalizarla a niveles estéticos puede demostrar cierta irresponsabilidad. Ahora bien, hacer de la violencia algo esperpéntico y ficticio, ¿Podría ser considerado como una irresponsabilidad, o más bien como un recurso estético? La influencia que el cine tiene sobre la conciencia colectiva es brutal, pudiendo llegar a dictar en muchos casos nuestra conducta y la manera que tenemos de entender las relaciones, el trabajo, la familia, etc. La manera en la que la violencia se nos presenta en la pantalla también puede marcar la forma en la que la percibimos. Evidentemente la violencia tiene una importante dimensión moral, pero también una dimensión estética. Esto no conlleva una contradicción, al fin y al cabo, con lo dicho al principio, ya que la violencia empleada de este modo dista de presentársenos en situaciones reales, alejando al espectador a una realidad muy distante de la nuestra. Es evidente que cuando vemos Pulp Fiction, Malditos Bastardos o Kill Bill nos encontramos ante una ficción, que de ninguna manera podría ocurrir en la vida real. Este alejamiento de la realidad cotidiana es lo que hace que la violencia pueda estar justificada desde un punto de vista estético, ya que sabemos que no es una violencia real.

El duelo entre Beatrix Kiddo y The Crazy 88´s es un ejemplo de
violencia y esperpento

Pese a todo, Tarantino no deja de jugar con fuego en este sentido, y hay que ser crítico en este aspecto con su cine. Todo autor tiene una responsabilidad moral,y especialmente aquellos que llegan a un gran público, y parece que Tarantino es consciente de ello. Si nos fijamos bien, pese a que observe la violencia desde un punto de vista estético, hay otros elementos que le posicionan también en un plano moral. El ejemplo más claro es vislumbrado en Malditos Bastardos, película en la que todos los personajes que esgrimen la violencia son verdaderos sádicos y psicópatas:

- Aldo Raine disfruta matando, mutilando y desfigurando a nazis, que pese a todo, no dejan de ser seres humanos.

- Hans Lambda es un hedonista de la violencia y el disfrute que tiene de su trabajo es prueba de ello.

- Todos los bastardos son unos psicópatas.




La asociación de la violencia a personajes que en una sociedad cívica estarían marginados y no serían aceptados es una verdadera declaración de intenciones.

PERO ANTE TODO, EL CINE DE TARANTINO MOLA UN QUINTO.

Referencias:
- http://revistasenlinea.saber.ucab.edu.ve/temas/index.php/temas/article/view/238/245
- https://www.youtube.com/watch?v=Okhv4g0KlHY
- https://www.youtube.com/watch?v=D9EjhEVebC8


miércoles, 3 de febrero de 2016

El Argumento en el Cine

La cultura y el arte son manifestaciones de pensamientos y experiencias humanas, y estas se manifiestan o materializan en el tema de las obras, lo que podríamos llamar "argumento". El amor, la violencia, el dolor, la soledad, la belleza... son temas que pueden ser tratados en muy distintos ámbitos artísticos: la música, la escultura, la pintura, el cine, el teatro, la literatura, etc. En definitiva, lo único que diferencia a las artes entre ellas es la forma en la que se representa el tema, adquiriendo un lenguaje y unos códigos propios o inmanentes a cada disciplina.

En el caso del cine, esto se manifiesta a través de las imágenes (cinematógrafo es una palabra compuesta proveniente del griego y que significa "imágenes en movimiento"). Los temas que aborda el cine pueden ser muy variados y obtener distintos tratamientos. Lo especial que tiene el cine, es que el autor (director) no comunica su mensaje al espectador únicamente a través de los diálogos, sino también a través de las imágenes (planos, encuadres, saturación, fotografía...) queriendo decirnos algo en cada momento, nada en arbitrario ni gratuito en el cine (por lo general al menos). Un ejemplo muy simple y muy actual: en Star Wars VII: El Despertar de la Fuerza, en la escena en la que Kylo Ren habla con Han Solo, cuando Ren ha tomado una decisión con respecto a que senda desea seguir (la del mal), el Sol se apaga, aludiendo alegoricamente a la extinción del Bien que este personaje pudiera albergar en su interior. 

Fotograma de Star Wars VII. La duda interna de Kylo Ren le corrompe
y le hace un personaje con volumen

Para disfrutar plenamente del cine hay que conocer su lenguaje y saber interpretarlo. Siendo el cine un arte, siempre queda un gran espacio para la divagación y la interpretación y puede que lo que nos haya intentado transmitir un autor sea otra cosa de la que nosotros hemos captado, pero esto no es malo, y hace que el cine sea un arte dinámico y plural, que no se anquilosa en una sola interpretación. 

Lo importante, ante todo no es sólo el tema del filme, sino el tratamiento y la forma, esto es lo que distingue a una buena película de una mala. Hay películas que plantean argumentos realmente potentes e interesantes, pero que luego no logran sacarle todo su potencial, ya que su puesta en escena es frágil y la fórmula no acaba de estar pulida (aquí entran en juego distintos apartados: guión, apartado técnico, dirección de actores, etc.), y por el contrario, hay películas que tratan temas banales, pero que consiguen funcionar por su excelente dirección, fotografía, decorados, etc. En definitiva, una película es un producto cultural orgánico, y dentro de la misma tienen que funcionar de manera mecánica todos sus elementos. 


Las películas de Christopher Nolan son un ejemplo claro de pedantería cinematográfica, que presuntuosamente nos presentan historias falsamente complejas de las que apenas se puede sacar una reflexión propia. Pese a todo, personalmente me gustan sus películas.

Pongamos en este caso, un ejemplo relacionado con los videojuegos (un arte que bebe de la influencia del cine). En Assassin´s Creed Unity uno de los temas principales que se aborda es el de la degeneración de los ideales en fanatismo. Esto se muestra a través de eventos aleatorios que se generan en el mapa y pequeños scripts que se pueden encontrar por las sangrientas calles de la París de la Revolución Francesa en la etapa del Terror (1793-1794). Es una idea ingeniosa, y desde luego un enfoque valiente, pero, atendiendo más a fines comerciales que artísticos, el videojuego acaba prestando más atención al desarrollo de una historia que es endeble, con evidentes fallos de guión y una subtrama romántica edulcorada e innecesaria, así como la puesta en escena de una ingente cantidad de personajes históricos que ni pinchan ni cortan, pero a los que se mete a presión para hacer bulto y generar expectativas.

La Libertad Guiando al Pueblo (1830) Eugéne Delacroix.
Que grande podría haber sido AC: Unity

En resumen, el cine alberga más que un simple entretenimiento y un ejercicio de sublimación, es toda una manifestación artística, con sus propios códigos y lenguaje, que requiere de nuestra atención y ejercicio activo del visionado.