Últimamente se está poniendo de moda un nuevo subgénero, el New Western, dentro de un ya anciano género Western. A este subgénero pertenecen películas como "No es País para Viejos" y "Broke Back Mountain", uniéndose ahora la película de la que voy a hablar a continuación: "Comanchería" o en su título original "Hell or High Water".
Ha sido dirigida por David Mackenzie, con guión de Taylor Sheridan y actuaciones de Chris Pine, Jeff Bridges y Ben Foster.
El tema social
Si bien la premisa del filme puede parecer manida, el desarrollo y ejecución toca sobre terreno inexplorado y el director orquesta con maestría este thriller westerniano contemporáneo. Este es el claro ejemplo de que se pueden adaptar géneros clásicos a la coyuntura actual y otorgar a una película de estas características argumentales y técnicas matices y aspectos sociales de rabiosa actualidad. Tanto subyacente como superficialmente constatamos la presencia de un fuerte componente social dentro de la película, que se vislumbra en cada uno de los apartados del filme. La plasmación de la pobreza se puede ver tanto a nivel narrativo como visual, en la superficie y en el interior. Es una portentosa crítica social al capitalismo salvaje en su reciente vertiente neoliberal y para ello no se podía haber elegido una mejor ambientación: el lejano oeste, Texas. Esta crítica social comienza a asomar desde bien pronto en el filme: en el ostentoso patetismo de dos ladrones de bancos que se ven abocados a esta situación por culpa de las propias entidades bancarias, en los 200 dólares de propina que caritativamente el protagonista le entrega a una camarera que apenas puede asegurarle un techo bajo el que vivir a su hija, en las potentes palabras del policía indio ("mi gente poseía estas tierras hasta que llegasteis vosotros y nos las arrebatasteis, y ahora, 150 años después, los descendientes de aquellas personas se ven desahuciadas por las bancos")... La pobreza es el motor que impulsa el argumento de la película, pues mueve a los protagonistas a sobrepasar los límites de lo que es legal y acaso también moral, para hacer justicia, un antagonismo ético que confronta dos ideas fundamentales que deberían regir la vida humana: la moral y la justicia. Si bien las motivaciones de los protagonistas son diferentes, al final lo que prevalece es esto: la pobreza mueve a Toby a planear el atraco de los bancos, pues por amor a sus hijos no puede consentir que éstos hereden de él la misma pobreza que él heredó de su padre; y el amor y deseo de redención de Tanner le impulsa a ayudar a Toby, si acaso también su deseo de gloria (esto puede percibirse al final de la película).
Pero si la crítica a los bancos está latente durante toda la película, también está, tal vez de manera más soterrada, una crítica constante a la posesión legal de armas en EE.UU., donde especialmente en Texas ésto constituye un problema grave. Si bien el derecho a la propiedad privada y a la defensa de la misma es un derecho de carácter constitucional e incluso natural, el derecho a la defensa de la misma a través de los medios necesarios lo es también. Esto genera una situación en la que cualquier descerebrado puede tener un arma y tomarse la justicia por su mano. Ésta idea está presente durante toda la película, llegando en algunos momentos casi hasta el esperpento (la persecución de un convoy ciudadano a los dos protagonistas tras el golpe final). La sed de sangre de la población del suroeste de Texas (área geográfica donde se desarrolla el filme) quizá pueda ser relacionable también con ese malestar general y esa crisis de los valores occidentales que golpea a nuestro mundo hoy en día, provocado, como no, entre otros factores, por el robo indiscriminado de las entidades financieras a la población, y el desamparo a la que ésta se ve sometida. El clima social de la película no es sino una prueba fehaciente de que en EE.UU. no es de extrañar que en las elecciones presidenciales se coronara vencedor Donald Trump, pues las zonas deprimidas de éste país son las que le dieron la victoria.
* Hay una escena bastante divertida en la que se comparan las sensibilidades de un área cosmopolita como Nueva York y la conservadora y cerrada Texas.
Por último el otro gran pilar crítico de la película se basa en la cuestión racial. La identificación de los mexicanos con criminales o las constantes burlas del personaje de Bridges a su compañero indio son la constancia patente de que en Estados Unidos existe un serio mal endémico secular como es el racismo y el supremacismo blanco, que en los últimos tiempos se ha visto aireado e incendiado por el agresivo populismo trumpista.
Los personajes
En cuanto a los personajes, es destacable que el binomio creado entre las parejas de personajes protagonistas constituye un cuadro perfecto en el que los maduros y sensatos ejercen de contrapeso moral a su semejantes. Las motivaciones de Tanner son la redención por su vida pasada y el daño causado a su familia, pero también el de la gloria amparada en un desnudo egoísmo. A esto le sirve como contrapeso Toby, que constituye la personalidad madura y reflexiva que sirve para contrastar con el carácter impulsivo y temerario de su hermano. Este contrapunto es el que hace que funcionen tan bien como dúo, del mismo modo que el personaje de Bridges: socarrón, irónico y profundamente racista, contraste con un personaje indio taimado y serio como es el que encarna Gil Birmingham.
El devenir de los tiempos
Tal vez uno de los elementos que más me ha llamado la atención de la película es su tono melancólico en algunos momentos, en el ubi sunt, que mira con tristeza y acaso añoranza los tiempos pasados. Momentos como este se advierten en escenas tan conmovedoras como en la que se está quemando el campo y los vaqueros se ven obligados a conducir a su ganado a contrarreloj a través de la llanura dirigiéndolo al río. Las viejas costumbres como ésta (como afirma uno de los vaqueros) nunca se pierden, pero se desvirtúan en un mundo en el que cada vez se relativizan más las cosas, y en el que la seguridad y estabilidad que se supone que deberían garantizar los tiempos se están perdiendo. En última instancia la película es un toque de atención ante el nuevo paradigma que se vive en la actualidad: los tiempos cambian, pero no a mejor.
Esto es un "western" mesurado, no porque carezca de emoción, sino porque carece de épica: los tiempos románticos en los que robar bancos a lo largo del desierto era algo admirado han quedado muy atrás. Los cowboys envejecen, los indios desaparecen, y los forajidos tienen los días contados.
Nos lo dicen los parroquianos del bar de siempre ("no van a llegar muy lejos"), lo dice el imperturbable sheriff Marcus a punto de la jubilación ("tarde o temprano, cometerán un error") y lo dicen los propios bandidos, Tanner y Toby, hermanos en busca de una segunda oportunidad ("¿alguna vez has conocido a alguien que no haya acabado preso?").
(Estracto sacado de la crítica del usuario Charles, en su crítica en Filmaffinity "Al infierno o con el agua al cuello").
En definitiva, si te gustó "No es País para Viejos" es recomendable que veas también "Comanchería".

